¿Quiénes votaron en blanco en el último balotaje? ¿Cómo se relacionó el kirchnerismo con este segmento, del que quiso exigir disciplina y adhesión? Matías Galindo se pregunta acerca de los resultados de esta estrategia soberbia, indaga en las razones por las que el Gobierno se creyó representante de la izquierda y llama a la autocrítica en un momento políticamente complejo.

El balotaje de este último domingo se vivió como una gran final. La política es así, como el futbol, despierta pasiones profundas que atraviesan y definen eso de lo que estamos hechos. El 22 de noviembre quedará grabado a fuego porque, cualquiera fuera la posición defendida, cada uno puso un cacho de sí mismo para ganar.

Chance a la paz.

Chance a la paz.

Entre los derrotados, muchas de las culpas se echaron afuera. La izquierda, siempre blanco fácil, fue uno de los chivos expiatorios del kirchnerismo. Los ataques hacia este sector aumentaron en intensidad y frecuencia antes de la segunda vuelta. ¿Por qué?

Lo inmediato es que el kirchnerismo estaba en posición de desventaja y sabía que no podía llegar a los votantes de Macri. Un poco más accesibles eran los votos de la izquierda, por un lado, y de los indecisos por el otro. Era posible que un militante del blanco cambiara su voto por el naranja, pero un voto amarillo nunca iba a ser naranja.

El kirchnerismo se fue construyendo a sí mismo en torno a un ideario progresista, nacional, anti (neo)liberal y todo eso que ya sabemos. Era de esperarse que reclamara el voto a esos sectores que sostienen las banderas de las luchas históricas por el reconocimiento de derechos. Y lo hizo con insistencia, y hasta con violencia. Tomando ideas y elaborando proyectos en relación (conflictiva) con los movimientos sociales y sus luchas se fue gestando el relato. Por eso se sintieron con la prerrogativa de exigir apoyo a los que no estaban dispuestos a elegir entre ninguno de los candidatos. La exigencia se transformó en chicana y se frustró cualquier posible acercamiento.

In love.

In love.

Esto es el corolario de una filosofía que hasta ahora se había resumido en una fórmula sencilla y opositiva: o estás conmigo o le hacés el juego a la derecha. Es un chantaje propio de lo que podría llamarse “soberbia de representación”.

Voceros

Sostengo que hubo un tono general que atravesó toda la campaña y que estuvo muy en sintonía con la prepotencia antes descripta. Rectores, decanos y consejos directivos de varias facultades y universidades nacionales llamaron a votar por el candidato del oficialismo. Y lo hicieron en declaraciones públicas enviando el llamado a todos los integrantes de las respectivas casas de estudio, o lo hicieron en campañas oficiales, como es el caso de la rectora de la UNT.

Nene bobo.

Nene bobo.

En Tucumán, Alicia Bardón se mostró en un spot audiovisual junto a un grupo de docentes y funcionarios hablando en nombre de la ciencia y de la universidad en el patio del rectorado. Puede decirse, como se hizo, que su participación era a título personal, o que no se usó su nombre. Estas circunstancias pretendidamente “atenuantes” no enmiendan el atropello a la pluralidad en la que incurrió Bardón al creerse representante de la ciencia y de toda la comunidad universitaria. Un funcionario jerárquico en una universidad nacional jamás puede manifestar su adhesión partidaria sin avasallar la idea de autonomía de la institución.

Hace unas semanas también circuló una convocatoria bajo el lema «La cultura con Scioli», que invitaba en nombre de todas las entidades vinculadas al arte y la cultura a expresarse a favor del candidato oficialista. También hubo un llamado de los «científicos y universitarios autoconvocados» de Tucumán cuya consigna rezaba «La ciencia sale a la calle». Nuevamente el kirchnerismo se arrogaba la potestad de hablar en nombre de todos los científicos y artistas. Aunque parezca una preocupación por el detalle, por la forma y la formalidad, es sobre todo el tono pedagógico y homogeneizador lo que molesta y pudo haber terminado por convencer a parte del electorado.

Alabama.

Alabama.

No fue magia

La campaña del miedo -como se la ha caracterizado desde los medios opositores- más que miedo generó rechazo. Un amplio sector, que no había votado al kirchnerismo en otras oportunidades pero podría haberlo hecho en esta encrucijada, se sintió excluido o subestimado por un discurso dirigido a los convencidos.

Se dice que no hay mejor defensa que un buen ataque, pero éste no fue el caso. El ataque constante a Mauricio Macri le impidió al oficialismo elaborar una estrategia propositiva. Cambiemos, en cambio, no interpeló a los votantes de modo inquisidor. Apoderase del “futuro” fue suficiente para suceder a un gobierno que arrastra 12 años de desgaste.
Todo discurso al tiempo que dice, esconde algo no dicho. Quien votó a Scioli con la esperanza de sostener la ampliación de derechos y en contra del ajuste deberá comprender que el 51% de los argentinos no eligió retroceder ni volver a los 90’, sino que optó por el candidato que proponía (con todas las vaguedades que se le quieran cuestionar) y no por el que planteaba “cuidar lo conseguido”. Quizá porque, en el fondo, “cuidar” significa conformarse.

Era el petróleo.

Era el petróleo.

La mitad del país que hoy deja la conducción está poco acostumbrada a encontrarse al otro lado del mostrador. Sobre todo para los más jóvenes es éste un lugar novedoso. Al día siguiente del balotaje los kirchneristas iban a formar parte de una oposición privilegiada con mayoría simple en el Senado y con el 45% de los diputados: pero el espectáculo de empujar casi cien proyectos de ley en una sesión produjo resquemores -incluso dentro del mismo bloque oficialista- que tendrán alguna consecuencia. De uno u otro modo, el gobierno que asciende tiene la cancha bien marcada y medio país está a la expectativa de cualquier irregularidad. Si esto se traduce en un mayor equilibrio político, es algo que podemos celebrar.

El resultado es el resultado, y aunque algunos estén esperando despertar de su peor pesadilla, lo más sensato en este momento es la autocrítica. Buscar la paja en el ojo ajeno es no haber aprendido nada de nada.

Imágenes: Blop Canelada.

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